Los gigantes de la montaña Pirandello
Última obra de Pirandello, escrita en 1933, quedó inacabada.
Una compañía de cómicos, liderados por La Condesa Ilse, llega a la Scalogna, un lugar en una isla al pie de la montaña. Cotrone, el Mago, recibe a la compañía con la esperanza de que se queden en aquel caserón lleno de espíritus y fantasmas. Los cómicos, que están en la precariedad absoluta, creen que podrán realizar allí alguna representación de la Fábula del hijo cambiado -obra previa de Pirandello que no llegó a representarse, pero que sirve de base a Los gigantes…- Esperan así salir de la miseria, pero nada más lejos de sus expectativas.
El mago Cotrone, su anfitrión, les plantea que allí viven los sueños, esos que la conciencia a veces rechaza para no sentirse fuera de la sociedad. Y esta situación genera el conflicto en la compañía. Ahora deben decidir si quieren actuar en el “mundo” del que vienen o prefieren quedarse en este lugar ideal, donde parece que todo puede hacerse realidad. Cuando, finalmente, deciden ofrecer su espectáculo al mundo de los gigantes, sufren al ver cómo el mundo de lo material y lo prosaico ya no se comunica con el mundo del arte. Y su propuesta se ve desahuciada por el público asistente.
De ahí surge la pregunta que se formula desde Los gigantes de la montaña: ¿Cómo podemos resistir el ímpetu de un sistema que cercena los sueños y nos impone roles establecidos? ¿Podemos crear un espacio en nuestra vida donde nuestros anhelos puedan ser perseguidos y puedan hacerse realidad? Esa es la magia del texto y la base de esta propuesta para el público del siglo XXI.
Se alarga innecesariamente la primera parte que se desarrolla en el exterior de la sala, sillas incómodas. Buena interpretación, onírica y fabulosa.