Homo Argentum M.Cohn/G. Duprat
Homo Argentum quiere retratar una identidad. Los personajes siempre están desligados de su contexto. Las dieciséis historias que lo componen tienen una doble finalidad: la primera es ilustrar a martillazos una tesis difícilmente defendible; la segunda consiste en ejercer de telonera para la siguiente historia; es decir, rellenar tiempo de pantalla. El espacio es plano, como la imagen; y lo particular de cada contexto no importa, porque no afecta al protagonista, de la misma forma que los diferentes relatos no dialogan entre sí, no se matizan ni extienden sus respectivos discursos: algunos, incluso, podrían ser confundidos con sketches televisivos. Su sentido del humor también se sostiene sobre flagrantes omisiones y falsedades y tiene como principal finalidad humillar a los pobres, ridiculizarlos y reforzar arquetipos: el gag reviste las mentiras, no las desnuda. Sucede, en cambio, que cuando el chiste tiene como sujeto a uno de los muchos millonarios interpretados por Francella, los directores canalizan sus esfuerzos cómicos hacia lugares inofensivos que no ponen en cuestión el orden del mundo. El ejemplo paradigmático de dicha estrategia se puede encontrar en el episodio en el que un padre asiste, atónito, al grotesco espectáculo que ofrecen sus hijos mientras se reparten su herencia. Cohn y Duprat ponen el acento cómico en la avaricia de los hijos, no en el hecho de heredar en sí, ni en la legitimidad de la riqueza que está siendo repartida. De las actuaciones de Francella poco se puede decir: todas destacan por su ausencia de matices y su rigidez gestual.


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