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jeudi 14 août 2025

Chile: voces de la Patagonia M.Gusinde


La Patagonia, esa vasta región del fin del mundo, ha sido desde siempre un territorio de contrastes, donde la naturaleza imponente dialoga con las historias humanas que la habitan. La exposición «Chile: Voces de la Patagonia», presentada en el marco de PHotoESPAÑA 2025, nos invita a explorar esta tierra austral a través de la fotografía, capturando no solo sus paisajes, sino también las voces y experiencias de quienes la llaman hogar. Reúne el trabajo del destacado fotógrafo Martín Gusinde. A principios del siglo XX, Martin Gusinde no sólo estudió, sino que generó vínculos y relaciones únicas con hombres y mujeres Selk’nam, Yaghan y Kawéskar, llegando a conocer su cosmovisión, lengua y tradiciones. Gracias a él, y el trabajo de Xavier Barral, con siglos de distancia, se logró contar con un registro único de la identidad de esta cultura ancestral, parte esencial de la identidad de Chile. 

Las imágenes expuestas definen el paisaje patagónico y dan protagonismo a las comunidades ancestrales, sus tradiciones y desafíos. Cada fotografía es un testimonio, una voz que resuena desde el sur profundo, invitándonos a reflexionar sobre la relación entre el ser humano y su entorno. 


vendredi 14 avril 2023

Oasis de la impunidad M. Layera

Texto y Dirección Marcos Layera Con Diego Acuña, Nicolás Cancino, Lucas Carter, Mónica Casanueva, Carolina Fredes, Imanol Ibarra, Carolina de la Maza, Pedro Muñoz y Jonathan Serrano.

Ocho cuerpos se mueven por el escenario en misteriosas sacudidas. Marchan, entrenan y celebran, pero no está claro si sus movimientos hablan del sufrimiento o de la alegría, del orgullo o del miedo. Juntos forman un cuerpo de seguridad, un organismo mecánico y convulso compuesto por cuerpos estrictamente disciplinados. Educados para perpetrar la violencia contra sí mismos y contra los demás, lo que se inscribe en sus cuerpos impregna todos los niveles de su ser y vivir. ¡Mantener el orden!, es el imperativo. En un espacio museístico abstracto, fuerzas de seguridad, sus víctimas y figuras fantásticas del terror se reúnen en un ritual de confesión, expiación y denuncia. El montaje, inspirado en la brutal represión de las protestas de 2019 y 2020 en Chile.  La obra comienza en un museo, un vigilante, uniformado, pulula por el escenario, un gran cuadro con un fantasma preside el espacio. Quizá Pinochet. Los próceres se han convertido en fantasmas, entramos en un espacio simbólico, metafórico, que se viste de pesadilla. El vigilante se mueve como un autómata, de manera sincopada, pseudorrobotizado, alienado, sin ser dueño de sus propios actos. Este será el movimiento que regirá durante toda la obra. Pasarán así escenas donde estos seres se multiplican en número, tienen las orejas puntiagudas, parecen aprender a tirar del pelo del otro, a ahogarse, a inmovilizar. No llevan uniformes, nada los identifica con los pacos, como llaman a la policía chilena.Y quizá sea este uno de los problemas del espectáculo. Las coreografías no dejan de ser ilustrativas, cerradas en un código de movimiento limitado que después de más de una hora no da para más. Es ilustrativa la escena donde vemos a unos pijos, clase alta chilena, con jerseys al cuello, llevar ese movimiento robotizado al extremo mientras se embadurnan y beben kétchup como locos. El significado de la escena es claro, la metáfora es incluso de brocha gorda. El problema es que, si bien en esta obra se intenta trabajar con las poéticas del cuerpo, se intenta construir a través del cuerpo, el trabajo que con este se realiza es plano. 


La obra acaba en una escena que resume a la perfección la concepción del teatro de este chileno. A una mujer le traen el ataúd de su hijo muerto, ella llora, se desgañita, rompe el ataúd a puñetazos, dentro en vez del cuerpo de su hijo la madre encuentra arena. Los autómatas cogen a la madre, la torturan, la vejan y la portan al patio de butacas dejándola desnuda y muerta en una de las butacas libres. Allí se quedará hasta que se vaya el último espectador. La escena es maniquea, fácil, gruesa. La actriz interpreta justito el dolor de una madre ante la muerte de su hijo. Pero al mismo tiempo, aquella actriz, ahí abandonada en platea, desnuda, masacrada, inerte, mientras la obra continua, es de una fuerza abrumadora.


mardi 20 décembre 2022

La oscura memoria de las armas R. Díaz Eterovic

Lo peor era no tener nada que hacer. O casi nada, porque de tanto en tanto me daba el trabajo de encender un cigarrillo, cambiar de casete en el equipo de música y humedecer mi índice derecho para dar vueltas las páginas del libro que leía, sin dejar de estar atento a los golpes que alguien pudiera dar en la puerta de mi oficina. A ratos también intentaba comunicarme con Simenon y cuando el aburrimiento me apretaba el cuello, salía del departamento y bajaba al quiosco de Anselmo a conversar sobre los programas hípicos de la semana y de los mejores ejemplares que habíamos visto correr en distintas etapas de nuestra afición por los caballos y las apuestas. Mi principal ocupación, a falta de clientes que llegaran a la oficina, y lo que me permitía ir tirando por la vida junto con las apuestas afortunadas, consistía en reseñar extensos y aburridos libros de política, sociología, economía y otras ciencias ocultas que pretendían explicar el errático comportamiento del hombre desde sus primeros pasos sobre la tierra.

Heredia debe descubrir a los asesinos de Germán Reyes, un sobreviviente del centro de torturas de Villa Grimaldi que,acaba de ser ejecutado en las puertas de su trabajo. El detective se entromete así en una red de ex militares que lograron, como muchos, eximirse de los juicios reparatorios.

mercredi 24 mars 2021

El agente topo M. Alberdi

2020 Alemania, Chile, España, Estados Unidos, Holanda.Documental 84 min  Dirección y guion: Maite Alberdi Con Sergio Chamy, Rómulo Aitken, Marta Olivares, Berta Ureta, Zoila González, Petronila Abarca, Rubira Olivares.

El espectador empatiza inmediatamente con Sergio, el anciano escogido por el detective privado Rómulo, para hacer de espía en el interior del centro asistencial. Ese tono burlón, la torpeza del candidato seleccionado, tras el correspondiente casting, para adaptarse al uso de las nuevas tecnologías y a las herramientas básicas de cualquier espía, como los bolígrafos con cámara o las gafas que graban lo que ve, añade un punto cómico que hace fluir la película con sencillez y agrado. El propósito con el que Sergio acepta ingresar en una residencia de ancianos fuera de la capital Santiago, y lo que Alberdi se propone con ello, se van distanciando y el espectador cuenta con armas y señales que le van avisando. Alberdi inicia su tesis como una causa contra el presunto mal trato a los ancianos que se dispensa en las residencias para ir derivando, poco a poco, pero de manera consciente y deliberada, a una crítica de las modernas sociedades que dan la espalda a sus mayores y los retiran, como muebles viejos, a espacios en los que no molestan, no ocupan, no quitan tiempo. Nuestro espía aterriza en su nueva residencia con el encargo de averiguar si la madre de quien ha contratado los servicios está siendo bien atendida o es objeto de maltrato, desnutrición, abandono médico… Desde el principio resulta evidente que no es posible la filmación sin la colaboración del propio centro asistencial, así que el espectador suspicaz pronto podrá despejar esos caminos que se abren como el propósito exclusivo del film, advirtiendo cómo la labor de la directora, con la impagable participación de su socio residente falso, busca otras ideas, reflejar otras inquietudes, señalar y acusar otras deficiencias y no las de la propia residencia.