The Silence Falk Richter
Obra de autoficción The Silence profundiza en su historia familiar. Su padre falleció antes de que pudieran tener una conversación reconciliadora. A través de un diálogo con su madre, Richter se centra en verdades que han permanecido ocultas durante décadas, secretos reprimidos y traumas sin resolver que aún lo atormentan. Este enfrentamiento entre madre e hijo se convierte en un viaje a los abismos de la sociedad burguesa de Alemania Occidental desde la posguerra hasta la actualidad. Pronto, lo autobiográfico se mezcla con lo ficticio, los recuerdos se contradicen y emergen las posibilidades de otras realidades.
Las autoficciones teatrales no paran de golpearnos con su egotismo. Por si fuera poco, la homosexualidad como tema en sí mismo, como relato de padecimiento, se antoja repetitivo. El buen hacer de Dimitrij Schaad alivia la densidad que se anhela. Es capaz desde el mismo prólogo ─espontáneo y utilizado para captar nuestro ánimo─ de aportar a la propuesta unas pizcas de humor que se esconden en el propio texto. La ironía es una necesidad de descargo que se brinda en los diálogos que contemplamos en vídeo entre la madre y el hijo. Grabaciones que, desde el punto de vista dramatúrgico, no se hibridan suficientemente con lo acontecido sobre el tapiz. Se intercalan de modo abrupto para dar descanso al actor. The Silence discurre por una escenografía grandilocuente diseñada por Katrin Hoffmann, que vale para enmarcar, sobre todo, los vídeos que visionamos. Pero acaba por «comerse» a un intérprete muy entregado que, en la mayoría de los instantes, transmite su alocución sentado.



