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mercredi 30 novembre 2022

La república era esto. A. Al Aswani

El general Ahmad Alwani no necesitaba despertador. Tan pronto el almocrí convocaba al primer rezo, se espabilaba. Tumbado en la cama con los ojos abiertos, permanecía murmurando las palabras de la llamada a la oración. Poco después, se dirigía al baño, hacía las abluciones aprisa y se acomodaba el pelo negro, teñido con esmero, salvo por un par de mechones canosos rebeldes que dejaba a ambos lados de la frente. A continuación se ponía su elegante chándal y se dirigía a la mezquita cercana. El jefe de la guardia le había pedido más de una vez que construyera una mezquita dentro de la villa, con el fin de facilitarle su protección , pero el general Alwani declinaba la idea. Le gustaba rezar entre la gente, como cualquier otra persona normal, así que cruzaba la calle a pie, rodeado de cuatro hombres de la escolta, que vigilaban el recorrido con sus armas listas para abrir fuego en cualquier instante. Luego, a la puerta de la mezquita, se dispersaban: dos de ellos permanecían en el exterior, y los otros dos se quedaban de pie dentro del recinto, custodiando su persona mintras él rezaba...

¿Qué ocurrió durante los dieciocho días de protestas multitudinarias? Alaa al Aswani estaba allí, entre todas las personas que salieron a las calles a luchar por su futuro,  presenció toda la violencia por parte de los militares y decidió plasmarlo en su libro.

jeudi 31 janvier 2019

El Cairo nuevo N.Mahfuz

El sol empezaba a declinar y, de lejos, parecía que su disco- situado encima de la enorme cúpula de la Universidad- había surgido de ella; o que regresaba después de dar una vuelta. Inundaba las copas de los árboles, el césped, las paredes argénteas de los edificios, la gran avenida que atraviesa los jardines de Alormán. Los rayos templaban el ambiente, absorbiendo el frío de enero con su calor, tornándolo suave y benigno. La cúpula se elevaba sobre dos hileras de copudos árboles que bordeaban el camino; parecía un dios y éstos los sacerdotes prosternados, adorándole en el ápice de la tarde, bajo el cielo límpido recamado de nubes diáfanas allá, muy lejos. Bajo los árboles el aire soplaba frío y gemía y se quejaba entre las hojas.
Mahfuz escribió esta novela en 1945, aunque la historia de estos tres universitarios transcurre en los años 30. El personaje principal es un estudiante pobre Mahyub, que ve  como la enfermedad repentina de su padre le priva de recursos justo unos meses antes de graduarse. El hambre y la miseria le llevan a pedir ayuda sin éxito. Una vez licenciado, un matrimonio de conveniencia con la amante de un ministro le lleva a un puesto de funcionario que le asciende en la escala social. Se olvidará de sus padres, a pesar de escasas punzadas de culpabilidad, pero su mundo acaba desmoronándose.
Mahfuz no se pretende moralizante, se limita a retratar una sociedad corrompida por la miseria. Engancha por el ritmo.

mardi 15 janvier 2019

Café Karnak N.Mahfuz

Llegué al café Karnak por casualidad: un día fui a la calle El Mahdi para arreglar el reloj y, como tenía que esperar varias horas para recogerlo, decidí hacer tiempo mirando los escaparates de las tiendas, situadas a ambos lados de la calle, en los que se exponían relojes, joyas y objetos antiguos. Mientras paseaba, vi el café y entré. Desde entonces, se ha convertido en mi sitio favorito, a pesar de que es un local muy pequeño y está situado en una calle lateral.
Cuando sin previo aviso tres jóvenes dejan de acudir al café, Qaránfula, su dueña, una bella mujer madura que fue bailarina, empieza a investigar. Descubrirá sus historias entrelazadas y la cara más dura de la revolución. Esta novela, situada en el Egipto de los años 70, nos traslada con sensibilidad al corazón de un cambio histórico y sus dolorosas contradicciones. Hermosa historia de jóvenes comprometidos con la revolución de Egipto en la época de Nasser, la brutal represión, la pasión de Qaránfula por uno de los jóvenes y las ilusiones de todos.

lundi 14 janvier 2019

Mujer en punto cero N. El Saadawi

Este es el relato auténtico de la vida de una mujer. La conocí hace unos años en la cárcel de Qanatir. Entonces yo estaba trabajando en una investigación sobre las personalidades de un grupo de presas y detenidas condenadas o pendientes de juicio por diversos delitos.
El médico de la cárcel me dijo que esa mujer estaba condenada a muerte por haber matado a un hombre. Sin embargo, era distinta d elas demás asesinas presas en aquella cárcel.
- Creo que jamás volveré a conocer a otra persona como ella, dentro o fuera de la cárcel. Rechaza todas las visitas y se niega a hablar con nadie. En general no toca la comida y permanece despierta hasta el alba. A veces, la celadora la ha visto permanecer sentada durante horas con la mirada perdida en el vacío. Un día pidió pluma y papel y luego estuvo varias horas inmóvil, inclinada sobre él. La celadora no logró averiguar si estaba escribiendo una carta o alguna otra cosa. A lo mejor no escribía nada.
La historia de Firdaus atraviesa las páginas con su dolorida trayectoria vital. Desde sus orígenes en el seno de una familia de clase social baja, hasta los sucesivos abusos sexuales que padece y que la acaban conduciendo, a pesar de sus estudios, a la prostitución. Y aún y todo, Firdaus sorprende por su búsqueda y su capacidad de impulsarse de nuevo, esquivando los envites que todo aquel que la rodea propina a su dolorido cuerpo y a su pisoteado espíritu. La manera en la que la protagonista va exponiendo sus opiniones, según va atravesando las sucesivas fases de su vida, lo que convierte este breve texto en una maravilla literaria.

dimanche 13 avril 2008

L'immeuble Yacoubian Alaa El Aswany

Cent mètres à peine séparent le passage Bahlar où habite Zaki Dessouki de son bureau de l'immeuble Yacoubian, mais il met, tous les matins, une heure à les franchir car il lui faut saluer ses amis de la rue: les marchands de chaussures et leurs commis des deux sexes, les garçons des cafés, le personnel du cinéma, les habitués du magasin de café brésilien. Zaki bey connaît par leur nom jusqu'aux concierges, cireurs de souliers, mendiants et agents de la circulation. Il échange avec eux salutations et nouvelles. C'est un des plus anciens habitants de la rue Soliman-Pacha. Arrivé à la fin des années 1940, après ses études en France, il ne s'en est plus jamais éloigné. Pour les habitants de la rue, c'est un aimable personnage folklorique, vêtu été comme hiver d'un complet dont l'ampleur dissimule un corps maigre et chétif, une pochette soigneusement repassée et assortie à la couleur de la cravate dépassant de la poche de la veste, son fameux cigare à la bouche -du temps de sa splendeur, c'etait un luxueux cigare cubain, maintenant il fume un mauvais spécimen local à l'odeur épouvantable et qui tire mal-, son visage ridé de vieillard, ses épaisses lunettes, ses fauses dents brillantes et ses cheveux teints en noir dont les rares mèches sont alignées de gauche à droite pour cacher un cràne dégarni. En un mot, Zaki Dessouki est un personnage de légende...