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vendredi 5 avril 2024

Trilogía del fuego H. Mankell

Sofia corre a través de la noche. Está oscuro y tiene mucho miedo. No sabe por qué corre, ni por qué tiene miedo, ni adónde se dirige. Pero hay algo ahí, detrás de ella, algo en lo profundo de la noche que la asusta. Sabe que tiene que ir más deprisa, que tiene que correr más rápido: porque eso que hay ahí detrás, que ella no logra ver, está más y más cerca. Tiene mucho miedo y está muy sola, y lo único que puede hacer es correr. Corre siguiendo un camino que serpentea entre arbustos y zarzales. No ve el camino pero se lo sabe de memoria, sus pies saben dónde tuerce y dónde sigue recto. Es el camino por el que pasa cada mañana con su hermana María hasta llegar al pequeño campo en el que cultivan maíz, lechuga y cebolla. Cada mañana al amanecer va allí, y cada tarde, poco antes de que se ponga el sol, vuelven ella y María, acompañadas entonces también por su madre Lydia, a la pequeña choza en la que viven.

El secreto del fuego empieza con un párrafo que conmueve y atrapa: «Este libro trata de una persona invencible llamada Sofia. Existe en la realidad y tiene doce años. Vive en uno de los países más pobres del mundo, Mozambique, que está situado en la costa este de África. [...] Este libro trata de ella y de algo que ocurrió. Algo que cambió toda su vida». Tras aquel primer título llegaron Jugar con fuego y La ira del fuego, que componen la trilogía.
Con doce años, Sofia pisó una mina antipersona. Mankell la conoció y decidió escribir su historia. Así, relata su lucha contra la pobreza y la injusticia, sus sentimientos y sus dudas. De esta manera, la indignación y el estupor se transforman en una obra única e inolvidable en la que Mankell narra cómo Sofia lucha contra el horror hasta lograr construirse un futuro. De no haber sido por la fuerza que extrae del fuego, por los secretos que observa en las llamas, Sofia no habría encontrado el coraje necesario para vivir.

lundi 19 août 2019

La quinta mujer H. Mankell

La femme au perroquet. G.Courbet 1866
La noche en que salieron para llevar a cabo su misión sagrada reinaba una gran tranquilidad.
El que se llamaba Farid y era el más joven de los cuatro hombres pensó después que ni siquiera los perros habían hecho el menor ruido. Habían estado envueltos por la tibia noche y el viento que llegaba acariciante en débiles ráfagas desde el desierto era casi imperceptible. Luego esperaron la caída de la noche. El coche que les había llevado por el largo camino desde Argel hasta el lugar de encuentro en Dar Aziza era viejo y tenía mala suspensión. Dos veces tuvieron que interrumpir el viaje. La primera vez, para arreglar un pinchazo en la rueda trasera de la izquierda. Para entonces no habían hecho ni siquiera la mitad del camino. Farid, que nunca antes había salido de la capital, se había sentado en la sombra de un bloque de piedra junto a la carretera y contemplaba asombrado los notables cambios de paisaje. 
1993 Un atentado terrorista en Argelia mata a una mujer sueca que se encontraba en el lugar por casualidad, nadie investigará esa muerte. Su hija se erige en justiciera de mujeres maltratadas.

dimanche 14 juillet 2019

La falsa pista H. Mankell

Empezó su transformación temprano, al amanecer.
Lo había planeado todo al detalle para que nada fracasase. Tardaría el día entero y no quería arriesgarse a tener problemas a causa del tiempo. Asió el primer pincel y lo alzó ante sí. Escuchaba los tambores que sonaban en la cinta, grabada por él, del radiocasete que estaba en el suelo. Contempló su cara en el espejo. Luego trazó las primeras líneas negras en la frente. Notó que tenía la mano firme, que no estaba nervioso, pese a que era la primera vez que se pintaba su camuflaje de guerrero. Lo que hasta ese momento había sido una huida, su manera de defenderse contra todas las injusticias a las que siempre había estado expuesto, se convertía ahora en realidad. Con cada línea que se pintaba en la cara parecía dejar atrás su vida anterior. Ya no había retorno posible. Precisamente esa noche el juego había acabado para siempre y se iría a una guerra en la que las personas debían morir de verdad.
La psicología de un asesino en serie, que además es menor de edad. Jóvenes, niños aún, que pueden cometer crueldades como las que se suceden en la persona de un ex ministro de justicia, un marchante de arte, un vulgar ladrón y un asesor financiero de sociedades fantasmas, todos salvajemente asesinados con un hacha a los que como similar ritual se les arrancó la cabellera. Peor, aún hay estómago para no comprender el peor de los suicidios, el de una joven asustada que se quema a lo bonzo. Todas las víctimas estaban de alguna forma conectadas a su vez en asuntos turbios que conducen a la trata de blancas. Estamos en uno de los veranos más calurosos, 1994, de Suecia, y el Mundial de Fútbol desata pasiones. Pero Mankell tiene la costumbre de despistarnos desde el mismo comienzo, (el prólogo por ejemplo) cuando mueve la cámara fuera de campo, a otro lugar, a otro tiempo, desliz que a su vez tendrá una correlación con el punto final. Parece como si avanzáramos en cámara lenta, en un espacio tridimensional donde las intuiciones de la sensibilidad de Wallander se proyectan traspasando la dimensión del crimen, y la recepción del lector. No deja la costumbre, Mankell, de terminar cada capítulo con un pequeño sobresalto que nos pone en guardia. Ni olvida sus digresiones, haciéndolas habitar en Wallander, sobre la vida policial, el mundo que habita, el amor, la soledad, la melancolía o el peso de los años. “Decidió que en ese momento estaban sumergidos en una época que se podría llamar el tiempo de los fracasos. Las ilusiones que se habían forjado resultaron ser menos sólidas de lo esperado. Creían edificar una casa y lo que hacían en realidad era erigir un monumento sobre algo ya pasado y casi olvidado. Suecia se derrumbaba alrededor de él, como un sistema político de estantes gigantescos que se viniera abajo…

jeudi 11 juillet 2019

Botas de lluvia suecas H. Mankell

Mi casa se quemó una noche de otoño hace casi un año. Fue un domingo. Había empezado a levantarse viento a primera hora de la tarde. Al anochecer pude ver en el anemómetro que las ráfagas de aire superaban los veinte metros por segundo.
El viento era del norte y muy frío a pesar de que aún estábamos a principio del otoño. Cuando me acosté a las diez y media, pensé que esa era la primera tormenta otoñal que cruzaba la isla que había heredado de mis abuelos maternos.
Otoño, pronto invierno. Una noche, el agua del mar empezaría a helarse lentamente.
Era la primera vez ese otoño que me metía en la cama con calcetines. El frío lanzaba su primera embestida.
El mes anterior había arreglado el tejado haciendo un gran esfuerzo. Fue un trabajo enorme para un pequeño artesano. Había muchas tejas viejas y rotas. Mis manos, que una vez sujetaron bisturís en complicadas operaciones quirúrgicas, no estaban hechas para manejar ásperas tejas.  
‘Botas de lluvia suecas’, última novela que el autor sueco escribió poco antes de morir en 2015 a causa de un cáncer no es una novela policíaca con Wallander buscando culpables. Retoma el viejo doctor de Zapatos italianos, de la misma edad que Mankell cuando la escribió, es una novela de recuerdos, de observaciones acertadas de nuestro mundo: la muerte, la emigración, la soledad, el destrozo medioambiental,
Son constantes sus reflexiones sobre el fin de la vida, que nunca había visto tan de cerca. “La muerte es una anarquista incurable. No sigue leyes ni reglas. No se entiende nunca”, se le oye decir a Fredrik, y otro de los personajes rompe el silencio del frío embarcadero sueco para lamentarse: “No nos dejan aprender a morir”. Y no falta el amor como palanca.


dimanche 4 décembre 2011

Cortafuegos H.Mankell

Por la noche, sin previo aviso, el viento amainó, para luego cesar totalmente.
Él había salido al balcón.Durante el día, podía atisbar el mar por entre las casas que se alzaban enfrente.pero ahora la noche se lo impedía. A veces sacaba al balcón su viejo catalejo inglés para ver las ventanas iluminadas al otro lado de la calle, más siempre acababa por vencerlola molesta sensación de que alguien lo había descubierto.
Hacía una noche clara y estrellada.
"Ya estamos en otoño",se dijo."Quizás escarche esta noche, aunque aún es pronto para Escania."
Se oyó pasar un coche en la distancia. Se estremeció de frío y volvió a entrar.La puerta del balcón se atascaba. En el bloc de notas que tenía sobre la mesa de la cocina, junto al teléfono, anotó que debía echarle un vistazo al día siguiente.
Así se presenta el personajeTynnes Falk 47 años, experto informático para grandes multinacionales y entes bancarios que junto con otro deciden crear el caos. En medio, alguna muerte incomprénsible durante casi las más de 500 páginas, un principio de romance de Wallander, algunas otras cosa. No es el mejor Mankell, mejor empieza por otro, da la impresión de que el inspector sufre una aguda crisis y el escritor la traduce.

samedi 17 juillet 2010

Profundidades Mankell Henning

Decían que los gritos de los locos podían oirse de lejos cuando las aguas del lago estanban en calma.
En especial, en otoño. Los gritos eran cosa del otoño.
Y en otoño comienza esta historia. Con una húmeda niebla, escasos grados de temperatura, oscilantes, y una mujer que, de improviso, se percata de que la libertad está cerca. Acaba de descubrir un agujero en una valla.
Es otoño de 1937. La mujer, que se llama Kristina Tacker, lleva ya muchos años internada en el gran sanatorio para enfermos mentales situado a las afueras de Säter. Para ella, todos los conceptos temporales han perdido el sentido.
Un experto hidrógrafo debe verificar las dimensiones marinas para corregir los mapas que serviran a los buques suecos en caso de guerra. Lars Tobiasson es un hombre reservado que encontrará en la isla Halsskär a Sara,por la que sentirá una atracción que le hará abandonar su mundo para iniciar una nueva vida. La mentira, la fijación por las profundidades marinas, su soledad y la mirada del padre le impiden llevar adelante su aventura.

mardi 28 juillet 2009

Asesinos sin rostro de Henning Mankell

La llamada telefónica fue registrada en la comisaría de Ystad a las 5.13. La recibió un policía exhausto que había estado de guardia casi sin interrupción desde la Nochevieja. Oyó la voz entrecortada en el teléfono y pensó que era un viejo trastornado. Pero algo llamó su atención. Empezó a hacerle preguntas. Cuando terminó, pensó un momento antes de levantar el auricular de nuevo y marcar el numero que sabía de memoria.
Kurt Wallander dormía. La noche anterior se había quedado escuchando hasta una hora muy avanzada las grabaciones de Maria Callas que un buen amigo le había enviado desde Bulgaria. Una y otra vez había vuelto a su Traviata, y cuando se fue a dormir casi eran las dos.

dimanche 19 juillet 2009

El Chino de Henning Mankell

Karsten se detuvo a la entrada del pueblo y salió del coche. La capa de nubes había empezado a abrirse, puede que entonces la luz le resultara más molesta y tal vez fuera menos expresiva. Miró a su alrededor . Se veían casas aquí y allá, todo estaba en calma. Oyó en la distancia el sonido de los coches que transitaban por la carretera principal.
Una incierta sensación de inquietud lo invadió de pronto. Contuvo la respiración , como solía hacer cuando no comprendía lo que tenía ante sí.
Después cayó en la cuenta. Eran las chimeneas. Estaban frías. No veía el humo que se convertiría en ese detalle espectacular de las fotografías que esperaba poder hacer. Muy despacio, paseó la mirada por las casas. Alguien había estado retirando la nieve fuera, se dijo. Sin embargo, nadie se ha levantado aún para encender los fogones y las chimeneas. Recordó la carta que le había escrito el hombre por el que supo de aquel pueblo. Él le había hablado de las chimeneas; de que las casa, como niños, parecían enviarse señales de humo.