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dimanche 27 novembre 2022

Sorolla en negro

La exposición dirige la atención hacia el color negro a partir de la aparente contradicción que supone asociar a Sorolla —pintor de la luz y el color— con el negro. De este modo, Sorolla en negro es una exposición que tiene la fuerza de un oxímoron: anuncia lo contrario que uno espera ver del pintor.

La intensa luz del Mediterráneo, las escenas llenas de color, los blancos de infinitos matices son los rasgos con los que se identifica al pintor Joaquín Sorolla y su vasta producción. Sin embargo, el negro, que puede considerarse como la antítesis del color, la oscuridad misma, también está presente de manera notoria en su paleta. 


De hecho, la exposición cuestiona la idea de que el color negro, y cuanto significa, está reñido con la poética del pintor valenciano. La propuesta curatorial niega, pues, una gran parte de la tradición crítica en torno a Sorolla, empezando por sus propios contemporáneos. Se ha reunido una cuidada selección de más de 62 obras procedentes tanto de la colección del Museo como préstamos de instituciones y de colecciones particulares. Algunas de las obras expuestas, especialmente las de coleccionistas particulares, permanecían inéditas para el conocimiento del público como María pintando, 1911 o Retrato de Manuel Bartolomé Cossío, 1908.


mercredi 28 décembre 2016

Sorolla en Pais

A finales del siglo XIX, Sorolla (Valencia, 1863 - Cercedilla, Madrid, 1923), era un artista enormemente reconocido en España ,pero si algo caracteriza la personalidad del artista valenciano es la ambición internacional que tuvo desde muy joven. Quería ser famoso en todo el mundo y supo introducir su obra en los grandes salones internacionales.


Las comisarias, María López Fernández y Blanca Pons-Sorolla, bisnieta del artista y catalogadora oficial de su obra (unas 4.000 pinturas) explican "las obras son las que él hubiera escogido, porque formaron parte de los grupos de pinturas que mandó a los salones, a las bienales y a las exposiciones que le dedicaron en París, Viena y en Berlín”. De las 66 pinturas la mitad pertenece al museo y el resto han sido prestadas por una docena de colecciones internacionales.
Estructurada en cuatro grandes secciones, la exposición arranca con una serie de pinturas realizadas para concursar: Cosiendo la vela (1896) y Triste herencia (1899). Conseguidos los primeros grandes premios internacionales, al valenciano empezaron a lloverle los encargos de retratos, capítulo al que se dedica una gran parte de la exposición. Su elegante esposa, Clotilde, y sus tres hijos le sirvieron de modelos y de enganche para que la alta sociedad demandara sus servicios. Con el éxito económico y el reconocimiento social asegurado, Sorolla se permitió experimentar los temas que de verdad le apasionaban y que tenían que ver con el mar Mediterráneo junto al que se había criado.  La cumbre de este período está representada en la serie pintada en Jávea, durante el verano de 1905. La muestra concluye con una tanda de pinturas en las que retrata elegantes paisajes y jardines.