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jeudi 25 mars 2021

Vientos de Cuaresma L.Padura

 Era Miércoles de Ceniza y con la puntualidad de lo eterno un viento árido y sofocante, como enviado directamente desde el desierto para rememorar el sacrificio del Mesías, penetró en el barrio y revolvió las suciedades y las angustias. La arena de las canteras y los odios más antiguos se mezclaron con los rencores, los miedos y los desperdicios de los latones desbordados, las últimas hojas secas del invierno volaron fundidas con los olores muertos de la tenería y los pájaros primaverales desaparecieron, como si hubieran presentido un terremoto. La tarde se marchitó con la nube de polvo y el acto de respirar se hizo un ejercicio consciente y doloroso.

Cierra el círculo de su tetralogía «Las cuatro estaciones». Protagonizada, como las otras tres, por el reflexivo y pesimista teniente Mario Conde —para los entendidos el Conde—, Vientos de Cuaresma es, a la vez, un thriller desconcertante y una novela de amor. En los infernales días de la primavera cubana en que llegan los vientos calientes del sur, coincidiendo con la Cuaresma, al teniente Mario Conde, que acaba de conocer a Karina, una mujer bella y deslumbrante, aficionada al jazz y al saxo, le encargan una delicada investigación. Una joven profesora de química del mismo preuniversitario donde años atrás estudió el Conde ha aparecido asesinada en su apartamento, en el que aparecen además restos de marihuana. Así, al investigar la vida de la profesora, de impoluto expediente académico y político, el Conde entra en un mundo en descomposición, donde el arribismo, el tráfico de influencias, el consumo de drogas y el fraude revelan el lado oscuro de la sociedad cubana contemporánea. Paralelamente, el policía, enamorado de la bella e inesperada mujer, vive días de gloria sin imaginar el demoledor desenlace de esa historia de amor.

samedi 27 février 2021

Como polvo en el viento L. Padura

Adela Fitzberg escuchó el toque de trompetas que hacía de alarma para las llamadas familiares y leyó la padre Madre en la pantalla del iPhone. Sin darse tiempo para pensar, pues la experiencia le advertía que resultaba más saludable no hacerlo, la muchacha deslizó el tembloroso auricular verde.

- ¿Loreta? - preguntó, como si pudiera ser otra persona y no su madre quien la llamaba. 

Solo tres horas antes, mientras desayunaba con su habitual desgano matinal el falso yogur griego, quizás realmente light, reforzado con cereales y frutas, y respiraba el aroma del café revitalizador que cada día Marcos se encargaba de colar, la joven había sentido la tentación de manipular su teléfono.

Con una estructura fragmentaria y contrapuntística, que va y viene del pasado al presente y del presente al pasado Padura muestra los entresijos argumentales de un “exilio eterno”, o lo que es lo mismo, el porqué de las motivaciones de Clara, Elisa, Bernardo, Darío, Irving, Horacio, Liuba y Fabio, Walter, Ramsés, Joel, Fabiola, Guesty, Marissa y Montse, un elenco de personajes atenazados por determinados acontecimientos del pasado y que los arrastra a un presente perpetuo. Personajes dañados por “los recuerdos o la nostalgia o la culpa. O el odio.” 669 Pg novela apasionante, anclada en el desarraigo con una sola excepción, la de Clara, epicentro de todos ellos -que será la única que permanecerá en la isla, y que supone el anclaje a la memoria, a la tierra propia, a sus olores y sabores, a su son y a sus calles y plazas, tan añoradas, esas que, por mucho que se desplacen en el mundo, no pueden olvidar los inmigrantes-.

mardi 16 février 2021

Adiós, Hemingway L.Padura

Primero escupió, luego expulsó los restos del humo agazapado en sus pulmones y finalmente lanzó al agua, propulsándola con sus dedos, la colilla mínima del cigarro. El escozor que sintió en la piel lo había devuelto a la realidad y, de regreso al adolorido mundo de los vivos, pensó cuánto le hubiera sabido saber la razón verdadera por la cual estaba allí, frente al mar, dispuesto a emprender un imprevisible viaje al pasado. Entoncés empezó a convencerse de que muchas de las preguntas que se iba a hacer desde ese instante no tendrían respuestas, pero lo tranquilizó recordar cómo algo similar había ocurrido con muchas otras preguntas arrastradas a lo largo y ancho de su existencia, hasta llegar a aceptar la maligna evidencia de que debía resignarse a vivir con más interrogantes que certezas, con más pérdidas que ganancias. Tal vez por eso ya no era policía y cada día creía en menos cosas, se dijo, y se llevó otro cigarro a los labios.

Desfilan por sus páginas Toribio, el criador de sus gallos de pelea; Calixto; el marinero Ruperto. Se nos ofrecen las claves biográficas de la mayor parte de sus novelas y relatos, de sobras conocidas y, muy difuminada, su vida familiar -- la finca de La Habana que compró en 1941;
sus dificultades con el FBI, la acusación de comunista que le acompañó desde la guerra de España, su afición taurina, su actividad aventurera antinazi, los lugares habaneros que frecuentó. Pero, ¿y el cadáver y la trama policíaca? Son la mera excusa para convertir un fragmento ensayístico y biográfico en novela. Ni que decir tiene que La Habana constituye el telón de fondo ideal para una historia donde el crimen es casi un accidente y Hemingway visto por Padura el verdadero argumento.

mercredi 27 janvier 2021

Pasado perfecto L. Padura

 No necesito pensarlo para comprender que lo más difícil sería abrir los ojos. Aceptar en las pupilas la claridad de la mañana que resplandecía en los cristales de las ventanas y pintaba con su iluminación gloriosa toda la habitación, y saber entonces que el acto esencial de levantar los párpados es admitir que dentro del cráneo se asienta una masa resbaladiza, dispuesta a emprender un baile doloroso al menor movimiento de su cuerpo. Dormir, tal vez soñar, se dijo, recuperando la frase machacona que lo acompañó cinco horas antes, cuando cayó en la cama, mientras respiraba el aroma profundo y oscuro de su soledad. Vio en una penumbra su imagen de penitente culpable, arrodillado frente al inodoro, cuando descargaba toneladas de un vómito ambarino y amargo que parecía interminable. Pero el timbre del teléfono seguía sonando como ráfagas de ametralladora que perforaban sus oídos y trituraban su cerebro, lacerado en una tortura perfecta, cíclica, sencillamente brutal.  
 
Pasado perfecto es la primera novela de Leonardo Padura sobre el detective Mario Conde, teniente de la policia en La Habana. La novela arranca con una llamada telefónica: ha desaparecido un importante jefe del Ministerio de Industrias. Lo interesante no es el crimen, que es trivial, sino el universo de personajes que se despliegan en una Cuba febril, suspendida entre la nostalgia y un presente amenazante.

dimanche 29 décembre 2013

Herejes L.Padura



Varios años le tomaría a Daniel Kaminsky llegar a aclimatarse a los ruidos exultantes de una ciudad que se levantaba sobre la más desembozada algarabía. Muy pronto había descubierto que allí todo se trataba y se resolvía a gritos, todo rechinaba por el óxido y la humedad, los autos avanzaban entre explosiones y ronquidos de motores o largos bramidos de claxon, los perros ladraban con o sin motivo y los gallos cantaban incluso a medianoche, mientras cada vendedor se anunciaba con un pito, una campana, una trompeta, un silbido, una matraca, un caramillo, una copla bien timbrada o un simple alarido. Había encallado en una ciudad en la que, para colmo, cada noche, a las nueve en punto, retumbaba un cañonazo sin que hubiese guerra declarada ni murallas para cerrar y donde siempre, siempre, en épocas de bonanza y en momentos de aprieto, alguien oía música y, además, la cantaba.
Una familia judía que huye en barco con lo que creen les salvará y en realidad les devuelve al infierno europeo. Un cuadro de Rembrandt subastado años después. La Habana y sus rincones, la amistad por encima de las diferencias, una vuelta al pasado con Elías y un regreso al presente con una emo.Recomendable.

mercredi 7 mars 2012

La neblina del ayer L.Padura

Los síntomas llegaron de golpe,como la ola voraz que atrapa al niño en la costa apacible y lo arrastra hacia las profundidades del mar: el doble salto mortal en el estómago, el entumecimiento capaz de ablandar sus piernas, la frialdad sudorosa en las palmas de las manos y, sobre todo, el dolor caliente, debajo de la tetilla izquierda, que acompañaba la llegada de cada una de sus premoniciones.Apenas corridas las puertas de la biblioteca,lo había invadido el olor a papel viejo y recinto sagrado que flotaba en aquella habitación alucinante, y Mario Conde, que en sus remotos años de policia investigador había aprendido a reconocer los reflejos físicos de sus salvadoras premoniciones, debió preguntarse si en alguna ocasión había sentido un tropel de sensaciones tan avasallador como el de ese instante.
Una biblioteca virgen en La Habana empobrecida esconde secretos de familia y respuesta al suicidio de una cantante de un sólo disco. Mario Conde expolicia romántico y bibliófilo  no puede zafarse de lo que le espera.