Por primera vez ne toda la semana clareó el cielo. Los mortecinos rayos del sol de noviembre se abrieron paso entre las nubes y los espectadores del hipódromo de Visby volvieron sus rostros anhelantes hacia la luz solar. Era el último día de competición de la temporada y en el aire flotaba el optimismo, mezclado con algún viso de nostalgia. Un público atérido, pero entusiasta, se había concentrado en las gradas. Bebían cerveza o café caliente en tazas de plastico, comían perritos calientes y hacían sus anotaciones en el programa de las carreras.
Mari Jungstedt consigue, con su segunda novela, una obra entretenida en
la que enriquece la historia combinando muy bien los aspectos personales
de sus personajes; continuando, incluso, algunas de las situaciones de
su primera novela.
No es que sea una obra maestra, pero es correcta y entretenida.