Un viento del este, afilado como un tejón, me llevó a subir apresuradamente las escaleras que conducían al jardín de la iglesia María Magdalena, donde vi a Milena entre muchos hombres y mujeres con ropa oscura. Ella iba toda vestida de negro, lo que le realzaba la desnudez del rostro y del largo cuello, y le otorgaba el aspecto de un cisne doliente. Al verme, dio unos pasos rápidos en mi dirección. Abrí los brazos sin pensarlo, como hacía cuando mis hijos empezaron a dar sus primeros pasos. En realidad, así era. La joven estaba dando sus primeros pasos en una nueva vida. Olga estaba muerta. Y ahora yo estaba acogiendo a su amiga más íntima. En lo resuelto del abrazo reconocí la energía de Olga. Siempre tuvo la capacidad de dejar atrás el cuerpo y de acariciar la mariposa negra del pecho con sus manos delgadas y fuertes. -Tienes que ser fuerte, dije -Lo sé Quién estaba consolando a quién?
Este libro tiene dos protagonistas, Olga y el autor. Se conocieron muy jóvenes, Olga tenía diecinueve años y Theodor Kallifatides pocos más. Su amistad duró más de tres décadas. Sobrevivió a amores y desamores, divorcios y pasiones, largas separaciones y trabajo duro. Un día Olga llama a su amigo porque quiere verle. Le dirá que padece una enfermedad incurable. En este libro sencillo y profundo a la vez, Theodor Kallifatides erige una lápida en memoria de su amiga. Repasa los recuerdos, los encuentros, los sentimientos y las reflexiones que le despierta su relación a lo largo de los años, sobre todo durante la enfermedad de Olga. A veces se le saltan las lágrimas y a veces no puede dejar de reír.
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire