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mercredi 21 septembre 2022

Otra vida por vivir T.Kallifatides

El año pasado, en invierno, unos cuantos días antes de Navidad, me invitaron a un acto literario panescandinavo en Helsingborg, la segunda ciudad más grande del sur de Suecia, con unos cien mil habitantes mñas o menos.  Estaba muy emocionado. Yo representaba a Suecia y, sentados a mi lado, había buenos y conocidos escritores, dotados además con otras virtudes. La danesa era elegantísima, la noruega muy bella y muy joven, el finlandés-sueco tenía su gracia. Yo era el más viejo de todos, algo que desde hace varios años me ocurre a menudo y que considero un privilegio. La mayor parte d ela gente me deja en paz, sólo algunos entusiastas se me acercan para que les firme libros escritos hace veinte o treinta años.

Narración aparentemente errática va centrándose en algunos conflictos importantes, el autor tiene una perspectiva privilegiada al contemplar cómo Suecia cerró la frontera a los refugiados griegos, o al ver cómo la UE exigía a Grecia la devolución del dinero de los rescates, sumergidos en su peor crisis económica. Las apostillas que Kallifatides hace a lo que significa ser griego y, por ende, a lo que significa ser europeo son irrebatibles. Todo ello le lleva también a detenerse en la libertad de expresión. En unos tiempos en que “libertad” parece definirse, ante todo, como el derecho a ofender a los demás, y en años en que es “tendencia” defender apasionadamente la libertad de expresión pero sólo a condición de que expreses lo que ellos expresan o expresarían… Kallifatides media como los viejos clásicos de su país: “Si queremos entendernos unos a otros, ante todo debemos aceptar que el otro existe y que es probable que crea en cosas distintas de las que creemos nosotros. En una relación de igualdad no hay sino derechos recíprocos y obligaciones recíprocas. Respétame para que te respete, escúchame para que te escuche. […] Una cultura no puede ser juzgada sólo por las libertades que se toma, también se juzga por las que no se toma. Hay cosas que no se prohíben, pero eso no significa que se permitan”.

jeudi 7 juillet 2022

Timandra T.Kallifatides

Estaba acostado junto a mí. desnudo. El resplandor de la lumbre en el hogar se reflejaba en su frente y confería a sus gotas de sudor un brillo de piedras preciosas. En ese preciso momento se oyeron unos pasos. Quedé petrificada. El respiraba profunda, serenamente. - Alguien viene- dije. -Que venga quien quiera- me respondió, hace veinticinco años que los estoy esperando. Segiró sobre el lado derecho. Un instante después ya estaba dormido. Dormía siempre del lado derecho. 

Timandra es una de las figuras femeninas más fascinantes de la antigüedad griega. Mujer de una belleza excepcional, supo congregar en su casa a las mejores mentes de su tiempo, desde Sócrates a Eurípides. Pero sobre todo trascendió por, como dicen las fuentes históricas, ser "el éter espléndido que convivió con el héroe Alcibíades y recogió sus cenizas". En esta novela Timandra 
nos cuenta en primera persona su vida y la Atenas de su tiempo, en plena Guerra del Peloponeso contra Esparta. Figuras, lugares, tiempos, la Atenas del Ágora y puertos, gimnasios y campos de batalla: todo es real. Pero Timandra es mucho más que una novela histórica. El centro de gravedad es el amor: explorado, debatido, codificado -como era costumbre entre los griegos de la época-, aceptado siempre como regalo y condena, entre risas y lágrimas, en un simposio, un rito misterioso, a un minuto de la muerte.

dimanche 3 juillet 2022

Lo pasado no es un sueño T. Kallifatides


Tenía ocho años cuando mi abuelo me tomó d ela mano y no la soltó hasta que encontramos a mis padres en Atenas. Quién sabe qué podría haber pasado si me hubiera quedado en el pueblo.

Era 1946: Principios de la primavera de 1946. Los almendros florecían uno al lado del otro y el campo estaba en su esplendor. Antes que todos los demás árboles, mientras el viento del norte aún siega como una hoz, "florece el enloquecido almendro", como dice la canción, y brotan delicadas florecitas blancas con un aroma dulce y sútil, que recuerda el sabor de la almendra. 

Con su característica sencillez y humanidad, nos narra su vida desde que abandona su pueblo natal hasta que retorna a él para recibir el homenaje de sus vecinos convertido ya en un escritor consagrado. Así descubrimos la infancia y la adolescencia en la Atenas gobernada por regímenes autoritarios, el nacimiento de la conciencia política y de clase, el descubrimiento de la sexualidad y el amor, el exilio a Suecia, la sorprendente capacidad para rehacer allí su vida laboral y formar una familia, y su trayectoria como escritor en la lengua de acogida, el sueco. Kallifatides nos brinda otro libro magistral, para deleite de los que ya conocen su obra y de los que todavía tienen la suerte de poder descubrirla.


mardi 26 avril 2022

Madres e hijos T. Kallifatides

Cuando era niño pensaba que moriría antes que mi madre, de acuerdo con el principio aquel de que el árbol sobrevive a su fruto. Con el tiempo entendí el orden lógico o por lo menos natural de las cosas, y entonces tuve otro problema: ¿acaso podía causarle a mi madre una tristeza tan grande como mi muerte? Ese pensamiento me hizo ser prudente y cauteloso. Mis juegos nunca fueron especialmente osados; por lo general procuraba estar cerca de ella, algo que ella me recuerda con frecuencia, cuando la llamo por teléfono los sábados. 

Ella vive en Atenas. Yo vivo en Estocolmo desde hace alrededor de cuarenta y tres años. Esas llamadas telefónicas son un ritual entre nosotros. Lo mejor es hacerlas por la mañana, cuando ya se ha levantado de la cama y está sentada abrazando su café. Suele ponerse la taza en la barriga. Se bebe el café a sorbos pequeñitos, pequeñitos por miedo a que pueda estar amargo. tres cucharaditas de azúcar es lo mínimo.

La casa materna es el último refugio donde madre e hijo comparten comidas y cafés, recuerdos, confidencias y risas, miradas y silencios. Una forma de complicidad que estrecha ese vínculo íntimo, invisible e inviolable aun en la distancia. Es la celebración del reencuentro, en el que ninguno puede obviar la posibilidad cada vez más real de una última vez. Con un tono nostálgico, un lenguaje sencillo y entrañable, Kallifatides recupera con casi infantil entusiasmo y benevolencia su condición de niño mimado por las atenciones de su madre, y anticipa de alguna manera el vacío de su muerte. Un hilo invisible quedará colgando y ya nada será igual. Cuando eso suceda, volverá (o no) a Grecia, la que fue su patria, y se reencontrará con un pasado que sentirá inevitablemente más lejano y ajeno que nunca. La frase con la que cierra el libro: “Eso es lo que significa tener una madre. Siempre llevas dentro un principio”, maravillosa, encierra en sí misma la esencia del relato.