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mercredi 17 mai 2023

Beso feroz R. Saviano

Nos mandamos besos con un plural genérico. Muchos besos. Pero cada beso es único, como lo son cristales de nieve. No se trata sólo de cómo nos lo damos, sino de cómo surgen: de la intención que los origina, de la tensión que los acompaña. Y se trata también de cómo los recibimos o rechazamos, de con qué vibración- de alegría, de excitación, de vergüenza- los recibimos. Hay besos que resuenan en el silencio o se ahogan en el ruido, besos que van empapados en lágrimas o acompañados de carcajadas, besos que se dan al sol o en la invisible oscuridad.

Asistimos al ascenso al poder de Marajá, que se enfrenta a otras familias que quieren restablecer el orden anterior. Saviano retrata las guerras de los clanes por el control de la droga y los camellos, la presencia de bandas de gitanos, chinos y albaneses, los tentáculos del crimen organizado que se extienden hacia el norte del país, las venganzas, las traiciones y la sangre con la que se pagan. Y de nuevo nos topamos con Nápoles, esa ciudad devastada por la Camorra, y con esos jóvenes cuyos sueños se componen de coches de lujo, armas, sexo, cocaína y violencia que engendra más violencia. Podríamos estar ante una tragedia shakespeariana, con sus ambiciones, codicia, deslealtad, luchas por el trono, tentativas de redención, personajes que pugnan por mantener la dignidad en medio de la podredumbre... Pero estamos ante la más cruda realidad, plasmada  por Roberto Saviano, cronista imprescindible de la descomposición moral y social del sur de Italia a manos de los clanes mafiosos.


lundi 12 janvier 2009

Gomorra de Roberto Saviano

Tenía los pies inmersos en el pantano. El agua me llegaba a los muslos. Sentía hundirse los talones. Ante mis ojos flotaba una enorme nevera. Me lancé sobre ella, la abracé, apretando fuerte los brazos, y me dejé llevar. Me vino a la mente la última escena de Papillon, la película protagonizada por Steve McQueen e inspirada en la novela de Henri charrière. También yo, como Papillon, parecía flotar sobre un saco lleno de nueces de coco, aprovechando las mareas para huir de Cayena. Era una idea ridícula,pero en algunos momentos no tienes otra cosa que hacer más que entregarte a tus delirios como algo que no eliges, como algo que sufres y basta. Tenía ganas de chillar, quería gritar, quería desgarrarme los pulmones, como Papillon, con toda la fuerza del estómago, rompiéndome la tráquea, con toda la voz que la garganta aún podía bombear.
- ¡Malditos bastardos, todavía estoy vivo!