Ictus Anatomía de A derradeira leición de Castelao Xron
Una mujer entra en escena. Dice que sufrió un ictus que le afectó a la memoria y no puede completar sus recuerdos. Que tuvo el ictus en la Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela en octubre de 2018, durante un acto que el gobierno gallego organizó para recibir un cuadro titulado A derradeira leición do mestre. Dice que desde ese momento su memoria es un caos. Que no sabe por qué estaba allí ni por qué le interesaba un cuadro que no recuerda haber visto antes. Por eso necesita reconstruir cada detalle de aquel acto. Lo necesita para rellenar los huecos de su memoria y para no olvidar quién es.
Visión no solo galleguista, sino nacionalista del grupo Chévere. En cierta medida, continúan con la morosidad que practicaron en su anterior montaje: Helen Keller, ¿la mujer maravilla? En aquella introdujeron distintos procedimientos para que los sordos pudieran seguir sin dificultad el espectáculo. Venía al caso, como ocurre ahora con ICTUS, pues Castelao se quedó ciego al final de su vida y, por lo tanto, han favorecido la inclusión de otros sistemas de comunicación como la lengua de signos, la audiodescripción y hasta el empleo ─poco empleado─ de maquetas tiflológicas. Todo ello entorpece el avance de la representación; dado que lo enlentece.
Por otra parte, creo que hay un contexto demasiado local que, para ser teatro-documento, se debería haber concretado más para el público de fuera de Santiago de Compostela. Desafortunadamente me parece que la Ciudad de la Cultura no es aún muy conocida y eso que es un espacio que, desde el punto de vista arquitectónico, merece mucho la pena visitar. Allí, en 2018 se presentó por primera vez el cuadro «A derradeira leición do mestre» («La última lección del maestro»), que Castelao pintó en 1945 en el exilio y que se encontraba colgado en el Centro Galicia de Buenos Aires, en él aparece asesinado Alexandre Bóveda, que fue el propulsor del Partido Galeguista. El discurso principal en aquel evento corrió a cargo de Alberto Núñez Feijóo, quien, negando la evidencia visual con aquel muerto tan significativo, afirmó que aquella pintura era «una defensa de la educación frente al fanatismo». Que un político se muestre cínico y demagogo a la hora de discurrir sobre idearios y recordatorios que no encajen con el suyo no extraña a nadie desde hace mucho tiempo, es lo normal. Que unos artistas se rebajen con una serie de escenas bastante ridículas e infantiles para satirizar lo palmario habla más de utilizar el teatro para tratar sobre rencillas personales que de plasmar una mirada singular.
El espectáculo contiene momentos que funcionan mejor: como «desenterrar» el lienzo como si fuera un cuerpo abandonado en una cuneta o, después, la recreación de cómo el propio Castelao en Argentina, junto a su compañera, Virxinia Pereira, van firmando el célebre cuadro en una escena repleta de emotividad. Al menos esos instantes nos redimen de la vaguedad que observamos en la primera hora de la performance.

