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mardi 3 janvier 2017

Abril rojo S.Roncagliolo

Con fecha miércoles 8 de marzo de 2000, en circunstancias en que transitaba por las inmediaciones de su dominilio en la localidad de Quinua, Justino Mayta carazo (31) encontró un cadáver.
Según ha manifestado ante las autoridades competentes, el declarante llevaba tres días en el carnaval del referido asentamiento, donde había participado en el baile del pueblo. Debido a esa contingencia, afirma no recordar dónde se hallaba la noche anterior ni ninguna de las dos precedentes, en las que refirió haber libado grandes cantidades de bebidas espirituosas. Esa versión no ha podido ser ratificada por ninguno de los 1576 vecinos del pueblo, que dan fe de haberse encontrado asimismo en el referido estado etílico durante las anteriores 72 horas con ocasión de dicha festividad.
Durante las celebraciones de la Semana Santa de 2000 en Ayacucho, Perú, se perpetra una serie de asesinatos sangrientos. Un fiscal venido de Lima un año antes de los acontecimientos, Félix Chacaltana Saldívar, celoso de sus deberes, entabla las indagaciones y redacta los informes respectivos, sospecha que las muertes se deben a ejecuciones terroristas consumadas por un rebrote de las actividades en los Andes de Sendero Luminoso. el asesino se inspira en algunos pasos de las celebraciones de Semana Santa en Ayacucho –junto con las de Sevilla, las más legendarias y tradicionales del mundo católico, según informa la propia novela– para ultimar a sus víctimas.

lundi 26 décembre 2016

La noche de los alfileres S.Roncagliolo

No eramos unos monstruos. Quizá nos pusimos un tanto.... extremos. Y sólo durante un momento. Unos días. Un par de noches.
Eso no es nada. A nuestro alrededor, todo el mundo era mucho peor.
Es verdad: lo que hicimos no aparece en los manuales de buena conducta. Si acaso, en las páginas policiales, entre los crímenes sexuales y los asaltos a mano armada. Pero, como abogado penalista, puedo citar numerosos atenuantes: minoría de edad, defensa propia, prescripción del delito. Y eso si hubo delito. Ni siquiera estoy tan seguro al respecto. En un par de horas podría tener un dictamen aqui mismo desbaratando cualquier acusación.
Aunque, para empezar, yo me acogería a mi derecho a no declarar.
No tengo ganas de sentarme frente a una cámara y contarlo todo, como si fuera una aventura adolescente o un paseo por la playa. ¿Por qué ahora? ¿Después de tanto tiempo? ¿Y por qué recordar todo le horror? Me he pasado la vida tratando de olvidarlo.
Ya sé, ya sé.
No tengo opción.
Será peor si no, ¿verdad?
Hablaré. Diré todo lo que quieras. Pero ésta será la primera y la última vez.
Empecemos pues. Así acabamos antes.
Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) Cuatro muchachos de quince años de un colegio de clase alta. Los típicos perdedores o lornas de la clase. Es el año 1992 y ellos viven aislados en la burbuja que les representa el colegio. Sólo tienen las preocupaciones cotidianas de un adolescente promedio: el sexo, el reconocimiento d elos demás y el cariño de sus padres. Cada uno de los cuatro protagonistas muestra un problema distinto: la homosexualidad (Beto),  la soledad y la búsqueda por referentes en la música, el cine y las historietas además de una lujuria descontrolada (Moco), el equilibrio entre la idealización romántica y la avidez sexual (Carlos) y el ejercicio de la violencia como máscara de una carencia afectiva (Manu). El mundo con el que lidian se reduce a eso.Y alrededor la violencia. Este tipo sabe escribir, sabe contar historias. Lo devoré en tres días.