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dimanche 27 décembre 2020

La madre de Frankestein A. Grandes

 Por la mañana, alguien tocaba el piano.

En el pabellon del Sagrado Corazón, donde se alojaban las señoras pensionistas de primera clase, los pasillos eran de tarima, madera de roble barnizada que brillaba bajo la luz del sol como un estanque de caramelo. Cuando la pisé por primera vez, apreciando la flotante naturaleza de las tablas que cedían bajo mi peso para crujir antes de recuperar la firmeza, no me di cuenta de que acababa de recuperar una sensación infantil. El suelo d ela casa de mi madre, astillado, negruzco, ya no parecía de caramelo. Había pasado mucho tiempo, más del que yo había vivido fuera de España, desde que lo barnizaron por última vez. 

Los tres personajes de esta obra, Aurora Rodríguez Carballeira, famosa parricida, la asistente María Castejón y el doctor Germán Velázquez, entremezclan sus vidas en el manicomio femenino de Ciempozuelos, en unos años en los que este tipo de enfermedades mentales estaban más que estigmatizadas por el régimen franquista, y mucho más si se trataba de mujeres, que era como no ser nada en aquellos tiempos. De la mano del parricidio que cometió Aurora Rodríguez Carballeira con su hija, conocemos la vida de Germán Velázquez y las dolencias de aquellas mujeres olvidadas, mientras disfrutamos de un fresco social necesario para terminar de conocer aquellos años recientes de nuestra historia. Y todo ello con una estructura en la que Almudena Grandes va colocando piezas, armando un edificio que va cobrando sentido a cada página, a cada secuencia, y que nos arrastra con él y con los senderos que recorren estos tres personajes. Ameno

vendredi 1 décembre 2017

Los pacientes del Doctor García A.Grandes

Madrid, 30 de marzo de 1947

El último domingo de marzo de 1947 fui al encuentro de una mujer que conocía mi verdadera identidad.
-A ver, a ver- la portera salió de su chiscón para estudiarme de arriba abajo-.¿Qué ha estrenado usted hoy, don Rafael?
-Pues nada,Benigna. No están los tiempos como para estrenar.
-Y que lo diga, pero... -rebuscó en su delantal para enseñarme una moña diminuta, tejida con tiras de hoja de palma-. Esto sí me lo aceptará, ¿verdad? Así, por lo menos no se nos quedará manco.
Domingo de Ramos, al que no estrena se le caen las manos. Despues de dos años de sequía, tantos radiantes días de sol en cielos tan azules como recién pintados, la mañana prometía más tristeza que lluvia. Hacía frío. Los niños que habían cumplido con la tradición caminaban encogidos, tiritando en sus primaverales calcetines de hilo, faldas livianas y pantalones cortos que parecían desgajarlos del invierno por el que transitaban los adultos, gabardinas, sombreros, guantes alos que se aferraban las manos desnudas de los niños vestidos de verano. Para equilibrar su desgracia, en la otra mano llevaban palmas labradas con flores, moñas y cintas de colores, el modelo que había inspirado la miniatura que Benigna me había encajado en el bolsillo de la americana. Niños más desgraciados, mejor abrigados porque no tenían nada que estrenar, las miraban con envidia.
Esta cuarta entrega de los episodios cuenta la historia de un trío de hombres que cambian de identidad por diversas causas durante la guerra y la postguerra civil.El hilo argumental principal es la red que se montó en España para conseguir que criminales de guerra nazis evitaran ser atrapados y procesados por los gobiernos aliados y, al mismo tiempo, proporcionarles traslado y refugio en diversos países sudamericanos.Es un thriller de espias, muertes, amores, engaños y casualidades. Es un canto a la amistad, al ritmo de la vida. Es un homenaje a las vistimas de una guerra cruenta y una postguerra estúpida y vengadora que duró en exceso. Es un ambicioso reto superado. 

mardi 12 avril 2016

El lector de Julio Verne A.Grandes

La gente dice que en Andalucía siempre hace buen tiempo, pero en mi pueblo, en invierno, nos moríamos de frío.
Antes que la nieve, y a traición, llegaba el hielo. Cuando los días todavía eran largos, cuando el sol de mediodía aún calentaba y bajábamos al río a jugar por las tardes, el aire se afilaba de pronto y se volvía más limpio, y luego viento, un viento tan cruel y delicado como si estuviera hecho de cristal, un cristal aéreo y transparente que bajaba silbando de la sierra sin levantar el polvo de las calles. Entoncés, en la frontera de cualquier noche de octubre, noviembre con suerte, el viento nos alcanzaba antes de volver a casa, y sabíamos que lo bueno se había acabado.
Las personas son importantes, el paisaje y el tiempo también en esta novela que transcurre en los años 1948-49 en la Sierra sur de Jaén, con rojos perseguidos, maquís, cadaveres, viudas, silencios y cuartel de la Guardia Civil que sorprende. Recomendable.

vendredi 15 janvier 2016

Los besos en el pan A.Grandes

Estamos en un barrio del centro de Madrid. Su nombre no importa, porque podría ser cualquiera entre unos pocos barrios antiguos, con zonas venerables, otras más bien vetustas. Este no tiene muchos monumentos pero es de los bonitos, porque está vivo.
Mi barrio tiene calles irregulares. Las hay amplias, con árboles frondosos que sombrean los balcones  de los pisos bajos, aunque abundan más las estrechas. Estas también tienen árboles, más apretados, más juntos y siempre muy bien podados, para que no acaparen el espacio que escasea hasta en el aire, pero verdes, tiernos en primavera y amables en verano, cuando caminas por la mañana temprano por las aceras es un lujo sin precio, un placer gratuito.
Como el barrio, la novela tiene personajes diferentes, abundan los femeninos, clase media o humilde que han sufrido la crisis. Todos son buena gente. A. Grandes utiliza  los lazos familiares o de amistad para ir introduciéndolos. Novela de diálogos, testimonial, escrita de un tirón, a veces entretenida.
 

vendredi 31 juillet 2015

Las tres bodas de Manolita A. Grandes

Los envíos empiezan a llegar a Bilbao en 1940, en buques mercantes con pabellón de Estados Unidos de América. Algunos tienen un nombre exótico, de aire anglosajón, como Leigh  o Cold-Haiburg. Otras veces, la palabra pintada en su casco, Artiga, o Capulín, parece de origen  sudamericano, más sospechoso por lo familiar, pero este detalle no tiene importancia. La carga que nos interesa nunca pasa por la aduana.

La historia de Manolita, la señorita Conmigo no Contéis, se sitúa en los años previos y posteriores a la guerra “incivil” española. Mezclando ficción y realidad en más de 700 páginas nos vemos inmersos en una época de miseria, miedo, violencia, venganza, en la que mujeres valientes apoyan a maridos, padres, hijos, hermanos encarcelados, humillados, torturados y asesinados por haber apoyado el gobierno republicano perdedor. Necesaria rehabilitación de nuestra historia reciente, recordar y hacer recordar acontecimientos vergonzosos que la transición intentó borrar de nuestras memorias. Hermosa historia, valientes anónimos.

jeudi 17 janvier 2008

Castillos de Cartón de Almudena Grandes

El tres es un número impar.
-Es para ti, María José... Jaime González.
Despues de trabajar más de quince años en el mismo departamento, todavía no había conseguido tener una secretaria para mí sola. Lorena, joven y atolondrada, pero voluntariosa, repartía su tiempo entre mis exigencias y las de Julián, un doctor en Historia del Arte, callado, taciturno y especialista en escultura barroca española -especifícamente Alonso Berruguete-, que recepcionaba y tasaba más o menos de todo, igual que yo, pero sufriendo. A mí, en cambio, y a aquellas alturas, lo mismo me daba el azar que la necesidad. La empresa me había contratado como experta en pintura contemporánea y me pasaba la vida valorando joyas isabelinas, bargueños, bronces franceses del XVIII, y lo que me echaran. Yo quería ser pintora y descubrí a destiempo que no tenía talento suficiente.