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samedi 30 décembre 2017

Mediterráneos R.Chirbes

He vuelto a leer el libro que Braudel escribió sobre el Mediterráneo. He recorrido nuevamente las desoladas playas, las llanuras cenagosas, las ciudades que se levantan sobre viejas ruinas ante un horizonte de barcos. Me he encontrado otra vez con los hombres que cultivan con esfuerzo las laderas de los montes y he recordado los caminos invisibles, que los comerciantes han seguido durante milenios, aprendiendo a descifrar, sobre la evanescencia de las aguas, un código impreso por innumerables formas de memoria.
Se trata de 12 artículos de viaje, escritos entre mayo de 1986 y diciembre de1996 en la revista gastronómica "Sobremesa".Es interesante observar tres focos en estos artículos: la memoria genética (roma, Gabes, Creta), la historia personal (Valencia, Denia, Benidorm) y la mezcla de etnias (Estambul, Alejandría, El Cairo. El viajero recorre estos lugares sólo, se aleja en hoteles y gusta de disfrutar las ciudades al anochecer o al amanecer.

jeudi 6 juillet 2017

La caída de Madrid R.Chirbes

Don José Ricart se había levantado de mal humor. A las seis de la mañana había encendido la luz de la lámpara de la mesilla con la sensación de que la noche se le estaba haciendo muy larga, y, al ver que aún era temprano para vestirse, se había incorporado en la cama, doblando la almohada para que le protegiera la espalda, y, en esa posición, había vuelto a tener unas irresistibles ganas de fumar, algo que lo había perturbado notablemente porque no guardaba tabaco en la habitación. Hacía casi veinte años que , por prescripción médica, no fumaba cigarrillos, pero periódicamente se acordaba de ellos como si se hubiera fumado el último diez minutos antes.Se permitía un puro en la sobremesa de algunos días señalados, como el de hoy, diecinueve de noviembre, en que se fumaría un buen cohiba con su amigo Maxi, en Jockey, para celebrar el cumpleaños.

El autor indaga en la evolución de la sociedad española de la posguerra, aquí el 19 de noviembre de 1975, pocas horas antes de conocerse públicamente la muerte del general Franco. Y ha aplicado la lente de aumento a un retablo de personajes de análoga jerarquía textual, ninguno de los cuales destaca por encima de los demás en la atención del autor. Podría hablarse de un relato coral -aunque con un número de tipos relativamente limitado-, y lo es por el propósito mantenido de no otorgar protagonismo alguno a los sujetos individuales, subrayando de este modo su pertenencia a una colectividad.
Son 20 capítulos organizados en dos partes: la mañana y la tarde, en los que va dando protagonismo a cada uno de los personajes. Aunque el tiempo externo se corresponde con un día, y el espacio se limita a Madrid, sin embargo son frecuentes los saltos de tiempo y espacio a partir de las reflexiones y recuerdos de los personajes: estraperlo, vacaciones en Jávea, la cárcel...
Hay un narrador en 3ª persona, no omnisciente, acompañado de estilo indirecto libre y monólogos interiores de los personajes, que se nos van desvelando con un lenguaje propio, y que van construyendo su propio discurso. Chirbes deja que cada uno se presente, se explique, se justifique... sin que el narrador intervenga  directamente para moralizar o hacer juicios de valor, en todo caso, trasluciendo una cierta ironía y distancia.

mercredi 17 mai 2017

En la orilla Chirbes

Dirección Adolfo Fernández
Sonia Almarcha, Marcial Alvarez, Rafael Calatayud, Adolfo Fernández, César Saranchu, Angel Solo, Yoima Valdés.

Presentar esta historia no es fácil, ni siquiera para su autor; ¿Trata sobre la corrupción? No. ¿Sobre el crimen? No. ¿Sobre el suicidio? No. ¿De sexo? Tampoco. Al final, insistirán: pero, estaban enamorados, ¿o no? Pues yo qué sé, contestaré. Si lo supiera, lo habría dicho. La literatura trata de la complejidad de la vida.
El hallazgo de un cadáver en el pantano de una pequeña localidad costera pone en marcha la narración. Su protagonista, Esteban, se ha visto obligado a cerrar la carpintería de la que era dueño, dejando en el paro a los que trabajaban para él. Mientras se encarga de cuidar a su padre, enfermo en fase terminal, Esteban indaga en los motivos de una ruina que asume en su doble papel de víctima y de verdugo, y entre cuyos escombros encontramos los valores que han regido una sociedad, un mundo y un tiempo. Magnífico.


samedi 23 juillet 2016

La buena letra R.Chirbes

A mi abuelo le gustaba asustarme. Cada vez que iba a su casa, se escondía detrás de la puerta con una muñeca, y cuando yo, que sabía el juego, preguntaba:"¿Dónde está el abuelo?", aparecía de repente, me tiraba encima la muñeca, que era tan grande como yo, y se reía mientras  me daba bofetadas con aquellas manos de trapo que me parecían horribles. Le agradaba verme enfadada y que luego buscase refugio en sus rodillas. "Pero sí el abuelo está aquí, ¿Qué
te va a pasar, tontita?", me decía y a mi ya no me daba miedo la muñeca tirada en la silla. "Tócala, si no hace nada", decía, y yo la tocaba. "Es de trapo."
Novela corta que, protagonizada por una mujer represaliada durante la posguerra, se adelantó una década a la ola de ficciones sobre la Guerra Civil. “Una voz de mujer que le devuelve el pasado al hijo que quiere convertir la incómoda casa familiar en un solar”, así ha descrito La buena letra su propio autor, al que le gusta “bromear” diciendo que, en el fondo, era un libro contra el Decreto ley de Ordenación y Medidas Económicas aprobado el 30 de abril de 1985 y bautizado popularmente como ley Boyer. La buena letra (1992). “La buena letra es el disfraz de las mentiras”, dice la narradora, que en centenar y medio de páginas dirigidas a su hijo despliega lo que el crítico Santos Alonso describió como una “dura reflexión sobre las consecuencias de la Guerra Civil en los vencidos y el poder de la cultura sobre los que no han tenido acceso a ella”.

dimanche 27 décembre 2015

La larga marcha R.Chirbes

Eran las cuatro de la mañana de un día de febrero. A pesar de que los postigos de la ventana permanecían cerrados, se oía el ruido del torrente a espaldas de la casa. Había nevado durante varios días, luego había salido el sol, después había llovido, y ahora el torrente arrastraba toda el agua resultante del deshielo, y ramas secas y piedras que, al ser transportadas, producían un tremendo fragor. En la casa se advertía especial agitación Las mujeres entraban y salían de la cocina con ollas humeantes y en la chimenea ardía un fuego poderoso que imprimía un tono rojizo a la escena que se desarrollaba allí, imponiéndose la luz que salía del espacio de la chimenea a la del quinqué que colgaba del techo y a la del que permanecía encendido encima de la mesa en la que apoyaba sus codos silencioso e inmóvil, un hombre de unos treinta y tantos años. Llevaba sobre los hombros una manta a rayas, y estaba sentado en el largo banco de madera que recorría dos de las cuatro paredes de la habitación, formando un ángulo en el que se inscribía la mesa. A su derecha, otro hombre se fumaba un pitillo.
Respecto al contenido del libro, el autor es tajante: "Se podría titular Padres e hijos, como la novela de Turguénev". Y añade: "He querido contar cómo de una derrota, la de la guerra civil, surge el malestar de toda una generación. La novela acaba en la adolescencia de la segunda generación, cuando los personajes descubren que se rompe el juguete y ya no hay marcha atrás".

mardi 21 avril 2015

En la orilla R.Chirbes

26 de diciembre de 2010
El primero en ver la carroña es Ahmed Ouallahi.
Desde que Esteban cerró la carpintería  hace más de un mes, Ahmed pasea todas las mañanas por La Marina. Su amigo Rachid lo lleva en el coche hasta el restaurante en que trabaja como pinche de cocina, y Ahmed camina desde allí hasta el rincón del pantano donde planta la caña y echa la red. Le gusta pescar en el marjal, lejos de los mirones y de los guardias. Cuando cierran la cocina del restaurante- a las tres y media de la tarde- , Rachid lo busca y, sentados en el suelo a la sombra de las cañas, comen sobre un mantel tendido en la hierba.
Empieza bien, pero luego se hace muy lento...resistí hasta página 222.

samedi 12 juillet 2014

Crematorio Chirbes



Estás tendido sobre una sábana, sobre una lámina de metal, o sobre un mármol. Te estoy viendo. Vuelvo a verte. Me he olvidado de ti mientras he estado charlando con el ruso en la cafetería, observando por detrás de la cristalera a los turistas que, a primera hora de la mañana, ocupan las sillas de la terraza y a los que, unos metros más allá se tienden sobre la arena o chapotean en el agua. Él se ha tomado un par de whiskies. Yo me he pedido un té con hielo. No quiero beber tan temprano.
Valencia, Mediterráneo, luz, calor, construcción, cocaína, lujo, rusos, putas, sueños de juventud, arte, muerte, descalabro, enfermedad, sexo, corrupción, naranjos, almendros y olivos. París, Roma, arte, j’avaisvingtans, un hermano que se muere, un amigo que se apaga, dolor, literatura, esperanza infundada, vida.

vendredi 6 septembre 2013

Mimoun R.Chirbes


Cuando tomé la precipitada decisión de vivir en Marruecos, no imaginaba que , en un país que había recorrido en varias ocasiones y que siempre me había parecido desértico, pudiese llover tanto. Sin embargo, aquel invierno que pasé en Mimoun llovió durante semanas enteras. El viento se ensañaba con las ramas de los árboles, y las ramas de los árboles, al moverse, torturaban mi imaginación.
" Me apetecía escribir algo que fuera doloroso, que al mismo tiempo fuera un perdedor de la Transición, alguien que se ha ido allí huyendo de un mundo que no le gusta; y también una especia de autocrítica existencial, en el sentido de que no hay paraísos, de que uno no puede escapar de la realidad. Y al mismo tiempo hay una crítica de Marruecos, pues la imagen que se nos daba entonces era la de un país muy exótico y placentero."
Efecto conseguido, queda el lector con ganas de dejar a Manuel.
Tengo que leer + de Chirbes