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mercredi 10 mars 2021

Terra Alta J. Cercas

 Melchor está todavía en su despacho, cociéndose en el fuego lento de su propia impaciencia por terminar el turno de noche, cuando suena el teléfono. Es el compañero de guardia en la entrada d ela comisaría: hay dos muertos en la masía de los Adell, anuncia.

- ¿Los de Gráficas Adell?- pregunta Melchor.

- Los mismos-contesta el agente-. ¿Sabes donde viven?

- Junto a la carretera de Vilalba dels Arcs, no?

- Exacto.

- ¿Tenemos a alguien allí?

- Ruíz y Mayol. Acaban de telefonear. 

- Voy para allá.

Hasta ese momento, la noche ha sido tan tranquila como de costumbre. A esas horas de la mañana no queda casi nadie en comisaría y, mientras Melchor apaga las luces, cierra el despacho y baja por las escaleras desiertas poniéndose su americana, la quietud de la comisaría es tan compacta que le trae a la menoria sus primeros tiempos allí, en la Terra Alta, cuando todavia era un adicto al estruendo de la ciudad y el silencio del campo le desvelaba, condenándole a noches de insomnio que combatía a base de novelas y somníferos.

Tenemos a Melchor Marín, un tipo marginal que cambió su vida tras una fortuita lectura en prisión de "Los miserables", de Víctor Hugo, pasando de delincuente a policía, casado con Olga y padre de Cosette;  y Adell, teóricamente un ciudadano ejemplar, pero que en realidad carece de escrúpulos. Polos opuestos que en realidad sí tienen puntos de conexión. Y un crimen: dos viejos atrozmente torturados, un yerno inútil y vanidoso, una única hija ajena la empresa de su padre. Los flashback a la vida de Melchor entretienen en la trama políciaca y el desenlace es un poco inverosimil.

mercredi 20 novembre 2019

El monarca de las sombras J. Cercas

Se llamaba Manuel Mena y murió a los diecinueve años en la batalla del Ebro. Fue el 21 de septiembre de 1938, hacia el final de la guerra civil, en un pueblo catalán llamado Bot. Era un franquista entusiasta, o por lo menos un entusiasta falangista, o por lo menos lo fue al principio d ela guerra: en esa época se alistó en la 3ª. Bandera de Falange de Cáceres, y al año siguiente, recién obtenido el grado de alférez provisional, lo destinaron al Primer Tabor de Tiradores de Ifni, una unidad de choque perteneciente al cuerpo de Regulares. Doce meses más tarde murió en combate, y durante años fue el héroe oficial de mi familia.
Intento de rescatar el pasado de Manuel Mena, para regalárselo a su madre, para contar el héroe franquista que le avergüenza,  para que su herencia no se pierda. Sorprende la extraordinaria búsqueda de información que ha realizado, la asepsia del narrador. Triple perdedor este niño enviado a la guerra por adultos asesinos, hubiera preferido no ser el héroe de su familia, no tener una calle en su pueblo ya haber vivido.

samedi 6 juin 2015

El impostor J.Cercas

Yo no quería escribir este libro. No sabía exactamente por qué no quería escribirlo, o sí lo sabía pero no quería reconocerlo o no me atrevía a reconocerlo; o no del todo. El caso es que a lo largo de más de siete años me resistí a escribir este libro. Durante este tiempo escribí otros dos, aunque éste no se me olvidó; al revés: a mi modo, mientras escribía esos dos libros, también escribía éste. O quizás era este libro el que a su modo me escribía a mi.
Los primeros párrafos de un libro son siempre los últimos que escribo. Este libro está acabado. Este párrafo es lo último que escribo. Y, como es lo último, ya sé por qué no quería escribir este libro. No quería escribirlo porque tenía miedo. Eso es lo que yo sabía desde el principio pero no quería reconocer o no me atrevía a reconocer; o no del todo. Lo que solo ahora sé es que mi miedo estaba justificado.
Leído hasta la pág. 116
La historia del falso superviviente de los campos de concentración que engañó a todo el mundo, impostor distinguido y alabado hasta el 2005. Una historia que a priori podría enganchar, pero me fue imposible seguir. Repetitivo en extremo.

samedi 27 décembre 2008

Soldados de Salamina de Javier Cercas

Fue en el verano de 1994, hace ahora más de seis años, cuando oí hablar por primera vez del fusilamiento de Rafael Sánchez Mazas. Tres cosas acababan de ocurrirme por entonces: la primera es que mi padre había muerto; la segunda es que mi mujer me había abandonado; la terceraes que yo había abandonado mi carrera de escritor. Miento. La verdad es que, de esas tres cosas, las dos primeras son exactas, exactísimas; no así la tercera. En realidad, mi carrera de escritor no había acabado de arrancar nunca, así que difícilmente podía abandonarla. Más justo sería decir que la había abandonado apenas iniciada.