vendredi 26 juin 2026

La escopeta nacional J.Echanove

Dirección Juan Echanove

La escopeta nacional (1978), película dirigida Luis García-Berlanga y escrita por éste junto a Rafael Azcona, ocupa un lugar central en la historia del cine español por su capacidad para retratar, desde la sátira, los mecanismos de poder, las redes de influencia y la corrupción moral de los últimos años del franquismo.  Casi medio siglo después, el Teatro Español recupera aquel material en una adaptación firmada por Bernardo Sánchez Salas y dirigida por Juan Echanove. La propuesta busca trasladar al escenario la maquinaria berlanguiana sin renunciar a su carácter coral ni a su dimensión satírica. El texto condensa las múltiples localizaciones y situaciones de la película en una dramaturgia apoyada en la continuidad escénica y en la presencia de la música. Tras ello, la intención de demostrar que los temas planteados por Berlanga y Azcona hace casi medio siglo —el amiguismo interesado, la avaricia desbordada y el clasismo de trazo grueso- conservan vigencia en nuestro presente.

La dirección de Echanove apuesta por la abundancia. El escenario se llena de cuerpos, voces y movimientos en una permanente sensación de actividad. Cerca de una veintena de intérpretes y músicos comparten espacio para recrear el bullicio característico del universo berlanguiano, ese ruido de fondo donde conversaciones, intereses y conflictos se superponen hasta conformar una imagen colectiva. 

Sin embargo, el resultado apenas trasciende la condición de reproducción. Lo que se escucha y se ve recuerda a una grabación recuperada de otra época más que a una obra capaz de dialogar con la actualidad. Falta frescura, espontaneidad y, sobre todo, la sensación de riesgo que hacía vibrar el material original. Los chistes, las sátiras, las hipérboles y los esperpentos conservan intacta la fecha de su concepción, pero su representación actual no resulta eficaz. El mecanismo se percibe, pero rara vez se activa. Algo parecido ocurre con los elementos que nos han de trasladar a esa finca en la que se reúnen personajes variopintos para celebrar una cacería. La escenografía de Isi Ponce y el vestuario de Tania Tajadura, por ejemplo, resultan solventes, aunque se contemplan con distancia, como piezas de museo cuidadosamente restauradas. Todo está donde debe estar, pero pocas veces sucede algo que justifique su regreso.



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