El último vikingo
Mientras que Anker, el mayor de dos hermanos, sale de prisión quince años después de un atraco frustrado habiendo asesinado a un hombre, el menor de estos, Manfred, ha desarrollado trastorno de identidad disociativo debido a traumas infantiles y cree ser John Lennon. Para recuperar el botín del golpe que Anker confió a Manfred, este tendrá que intentar de todas las maneras que su hermano menor vuelva a su verdadera identidad para que recuerde dónde escondió más de cinco millones de euros, y lo hará reuniendo a otros enfermos de TID que, en sus múltiples personalidades, contengan las de los miembros de los Beatles restantes y (re)crear la legendaria banda.
La película tiene momentos de mucho disfrute, especialmente gracias a un humor nórdico seco que suele dar en el clavo cuando menos lo esperas. Además, el director sabe cómo mezclar todo tipo de personajes extraños y variopintos, enmascarando con purpurina que la historia principal, y especialmente su revelación final, nunca termina de funcionar. Eso no evita que tenga momentos geniales, como ese prólogo y epílogo animados o sus running gags constantes, pero por momentos parece tener miedo a hacer el ridículo y se limita ligeramente a sí misma.


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