El secreto del fuego empieza con un párrafo que conmueve y atrapa: «Este libro
trata de una persona invencible llamada Sofia. Existe en la realidad y
tiene doce años. Vive en uno de los países más pobres del mundo,
Mozambique, que está situado en la costa este de África. [...] Este
libro trata de ella y de algo que ocurrió. Algo que cambió toda su
vida». Tras aquel primer título llegaron Jugar con fuego y La ira del
fuego, que componen la trilogía.
Con doce años, Sofia pisó una mina antipersona. Mankell
la conoció y decidió escribir su historia. Así, relata su lucha contra
la pobreza y la injusticia, sus sentimientos y sus dudas. De esta
manera, la indignación y el estupor se transforman en una obra única e
inolvidable en la que Mankell narra cómo Sofia lucha contra el horror
hasta lograr construirse un futuro. De no haber sido por la fuerza que
extrae del fuego, por los secretos que observa en las llamas, Sofia no
habría encontrado el coraje necesario para vivir.
A quoi sert de voyager si tu t'emmènes avec toi ? C'est d’âme qu'il faut changer, non de climat." (Sénèque) Journal de lecture, de coups de coeur et de coups de gueule.
vendredi 5 avril 2024
Trilogía del fuego H. Mankell
Sofia corre a través de la noche. Está oscuro y tiene mucho miedo. No sabe por qué corre, ni por qué tiene miedo, ni adónde se dirige. Pero hay algo ahí, detrás de ella, algo en lo profundo de la noche que la asusta. Sabe que tiene que ir más deprisa, que tiene que correr más rápido: porque eso que hay ahí detrás, que ella no logra ver, está más y más cerca. Tiene mucho miedo y está muy sola, y lo único que puede hacer es correr. Corre siguiendo un camino que serpentea entre arbustos y zarzales. No ve el camino pero se lo sabe de memoria, sus pies saben dónde tuerce y dónde sigue recto. Es el camino por el que pasa cada mañana con su hermana María hasta llegar al pequeño campo en el que cultivan maíz, lechuga y cebolla. Cada mañana al amanecer va allí, y cada tarde, poco antes de que se ponga el sol, vuelven ella y María, acompañadas entonces también por su madre Lydia, a la pequeña choza en la que viven.

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