Relato «sin ficción» sobre las relaciones entre padres e hijos marcadas
por las ideas políticas y el fanatismo. «Pensó que los recuerdos eran
invisibles como la luz, y así como el humo hacía que la luz se viera,
debía haber una forma de que fueran visibles los recuerdos.» En octubre
de 2016, el director de cine colombiano Sergio Cabrera asiste en
Barcelona a una retrospectiva de sus películas. Es un momento difícil:
su padre, Fausto Cabrera, acaba de morir; su matrimonio está en crisis,
y su país ha rechazado unos acuerdos de paz que le habrían permitido
terminar con más de cincuenta años de guerra. A lo largo de unos días
reveladores, Sergio irá recordando los hechos que marcaron su vida y la
de su padre. De la guerra civil española al exilio en América de su
familia republicana, de la China de la Revolución Cultural a los
movimientos armados de los años sesenta, el lector asistirá a una vida
que es mucho más que una gran aventura: es una imagen de medio siglo de
historia que trastornó al mundo entero. Volver la vista atrás cuenta
hechos reales. Una fascinante investigación
social y a la vez íntima, política y a la vez privada, que el lector no
olvidará.
A quoi sert de voyager si tu t'emmènes avec toi ? C'est d’âme qu'il faut changer, non de climat." (Sénèque) Journal de lecture, de coups de coeur et de coups de gueule.
mardi 12 avril 2022
Volver la vista atrás Vasquez, J.G.
Según me lo contó él mismo, Sergio Cabrera llevaba tres días en Lisboa cuando recibió por teléfono la noticia del accidente de su padre. La llamada lo sorprendió frente al Jardín de la Plaza del Imperio, un parque de senderos amplios y empedrados donde su hija Amalia, que por entonces tenía cinco años, trataba de dominar la bicicleta rebelde que acababa de recibir como regalo. Sergio estaba sentado junto a Silvia en una banca de piedra, pero en ese instante tuvo que alejarse hacia la salida del jardín, como si la cercanía de otra persona le impidiera concentrarse en los detalles de lo sucedido. Al parecer, Fausto Cabrera estaba en su apartamento de Bogotá, leyendo el periódico en el sofá de la sala, cuando se le ocurrió que la puerta de la casa no tenía puesto el seguro, y al levantarse bruscamente sufrió un desfallecimiento. Nayibe, su segunda esposa, que lo había seguido para pedirle que volviera a su silla y no se preocupara, pues el seguro ya estaba puesto, alcanzó a recibirlo en sus brazos antes de que Fausto se fuera de bruces contra el suelo. Enseguida llamó a su hija Lina, que pasaba unos día en Madrid, y era Lina quien ahora le daba la noticia a Sergio.
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