El montaje se presenta como un conjunto de microrrelatos que ora
distorsionan la realidad a través de abstracciones, deformaciones o
metáforas visuales, ora la potencian con visiones de vida y muerte,
presencias y ausencias.El aficionado conoce de este modo lugares como San Carlos, una ciudad de vivos y fantasmas; o el “jardín perdido”, cultivado con alegorías orgánicas; personajes como los “olvidados y los mártires”, crónica visual de una generación de supervivientes; y objetos como “Rocinante”, una moto entendida como una montura abstracta.
Un García-Alix oscuro y tenebroso, intenso y onírico, que juega a crear una nueva realidad con planos aberrantes y juegos de escala.
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