Abrió los ojos y enseguida volvió a cerrarlos.Hacía un tiempo que le sobrevenía esa especiede rechazo del despertar, pero no era para prolongar algún ssueño agradable-a esas alturascada vez menos frecuentes -, no; eran pura y simplemente ganas de quedarse un poco más en el interior de un pozo oscuro, profundo y caliente del sueño, escondido justo al fondo, donde era imposible que le encontraran.Pero sabía que estaba irremediablemente desvelado. Entonces, manteniendo los ojos cerrados, se puso a escuchar el rumor del mar.
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